La Navidad en un comedor social: «Aquí he encontrado otra familia»

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FERROL / LA VOZ

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Lidia Paredes, en una imagen tomada este sábado en la Cocina Ecoómica de Ferrol, adonde acude a diario con sus dos hijos

Lidia Paredes, en una imagen tomada este sábado en la Cocina Ecoómica de Ferrol, adonde acude a diario con sus dos hijos CESAR TOIMIL

La Cocina Económica de Ferrol no descansa en estas fechas y abre sus puertas para ofrecer menús especiales a personas sin recursos como Lidia o Iván

24 dic 2023 . Actualizado a las 01:06 h.

En la Cocina Económica de Ferrol las flores rojas de Pascua recuerdan que es Navidad y de las cocinas salen platos con los aromas típicos de estas fiestas. Vieiras donadas por la Cofradía de Pescadores de Ferrol, pastel de pescado y marisco, cinta de lomo en salsa de pimientos acompañada de patata panadera y, para rematar, un pastel de turrón duro. Con estos mimbres se compuso el primero de los menús navideños que este sábado pudieron saborear en el comedor social de Rubalcava unas 115 personas sin recursos. Y esta Nochebuena y Navidad la solidaridad volverá a sentarse a la mesa con otros dos banquetes igualmente especiales.

«Vienen desde personas sin hogar hasta familias que sí tienen casa, pero no suficientes recursos para hacer frente a los gastos de alimentación», explica la trabajadora social, María Sanjuán, que este sábado estuvo al pie del cañón junto al resto del equipo y voluntarios de la Cocina Económica.

María San Juán, trabajadora social del comedor social, rodeada de cocineras y voluntarias de la entidad

María San Juán, trabajadora social del comedor social, rodeada de cocineras y voluntarias de la entidad CESAR TOIMIL

 

Una de las primeras en llegar al comedor de Rubalcava este sábado fue Lidia Paredes, una peruana de 38 años que dejó su Lima natal hace pocos meses huyendo de la inseguridad. «Tenía una tienda de alimentación para perros y gatos y una banda de delincuentes me comenzó a extorsionar para que les pagase un porcentaje de las ganancias a cambio de seguridad. A mi hija la llegaron a apuntar con una pistola y a mí también me amenazaron», relata.

Estas son sus primeras Navidades lejos de su país. Y aunque Lidia está acompañada sus dos hijos pequeños —Emily y Yeiko, con los que acude a diario la Cocina Económica—, en estas fechas siente el dolor de muchas ausencias: «Las Navidades siempre las celebraba con mis padres, mis tíos, sobrinos… Para nosotros es una gran fiesta y nos reuníamos toda la familia».

A la espera de que se le conceda asilo en España y tener así todos los papeles en regla, Lidia subsiste como puede cuidando a personas mayores, pero este es el primer mes que vive de alquiler en un piso compartido —antes estuvo en el refugio y en casa de una conocida— y sus recursos no alcanzan para hacer frente también a los gastos de alimentación. «Gracias a la Cocina Económica, mis hijos y yo tenemos cada día un plato de comida. Pero no solo eso. También he hecho amigos de Colombia, Venezuela, Perú… Aquí nos ayudamos los unos a los otros y yo puedo decir que he encontrado otra familia», apunta Lidia con cariño hacia sus compañeros de mesa en el comedor de Rubalcava.

Iván cobra la Risga y vive en una pensión a la espera de encontrar trabajo

Iván cobra la Risga y vive en una pensión a la espera de encontrar trabajo CESAR TOIMIL

 

A Iván Vicente, otro usuario, lo que más le duele en estas fechas es la ausencia de su padre. «Pasar la Navidad sin él es muy duro, porque estábamos muy unidos. Murió justo antes de la pandemia y desde entonces me siento muy solo», relata este ourensano de 41 años.

Iván no tiene trabajo y cobra 470 euros mensuales de la Risga que apenas le dan para pagar la pensión en la que vive en Ferrol y los productos de higiene y aseo de primera necesidad. Cuenta que el año pasado trabajó haciendo obras para el Concello durante nueve meses, pero desde entonces no le ha salido nada. Con todo, se considerada afortunado de poder pagar la pensión, porque hace años estuvo viviendo en la calle, «y eso sí que es lo peor».

Iván se tiene que marchar, porque ya es hora de sentarse a la mesa. En los fogones, Fina, Fátima, Verónica, Vanesa y Sandralo dan todo para que el menú salga a la perfección, mientras en la sala, Sara y Blanca, dos voluntarias, ya están listas para servir los platos. «Que haya gente así, que se preocupa por los demás, es muy de agradecer. Nunca nos miran mal y siempre tienen una palabra amable hacia nosotros», dice Iván antes de la despedida.

La Voz de Galicia


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